miércoles, 27 de abril de 2016

Conozcamos al Cerro a través de los sellos postales: su vinculación a la aeronáutica en Cuba


Matías Pérez, a la izquierda. Foto: archivo Cubarte
Por: Juan Hernández Machado, Premio Nacional de Filatelia 2012 y Presidente del Círculo Filatélico del Cerro

Como es conocido, nuestro modesto país se encuentra entre los primeros en la América Latina en promover la aeronáutica, tanto mediante figuras extranjeras como de los propios cubanos que pronto se incorporaron a la nueva modalidad e industria.


No fue la barriada del Cerro un lugar tan destacado como fueran el centro de la ciudad capital, o los barrios de Regla o Marianao, que fueron lugar de origen de los principales vuelos en globos, dirigibles y aviones que se realizaron en La Habana.

Sin embargo, el Cerro también tiene su pedazo de historia y a ella nos vamos a referir.

Los vuelos en globo en Cuba comenzaron en 1829 cuando, primero el francés Eugenio Robertson y luego su coterráneo Adolfo Theodore, asombraron a los habitantes de la otrora villa de San Cristóbal con sus vistosos medios y las diferentes pruebas que realizaran.

Fueron seguidos por el cubano José Domingo Blinó y en 1856 por el también francés Eugene Godard. Este último trajo a Cuba el magnífico globo Villa de París, con el cual ya había ganado renombre en otros países del mundo.

Emisión del 10 de abril de 1970 sobre los pioneros de la aviación en Cuba. Este es José Domingo Blinó

El lugar de despegue de la mayoría de los vuelos demostrativos que estos aeronautas realizaran fue el Campo de Marte, sitio destinado a maniobras militares  (hoy Plaza de la Fraternidad) y, según diarios de la época, entre las calles que se llenaban de pueblo para contemplar los nuevos ingenios volantes estaba la calzada del Horcón.

Se cuenta que en dicho lugar, hoy esquina de Tejas, en el barrio del Cerro, se reunían los pobladores de menos ingresos y categoría, que no podían estar en el lugar de lanzamiento, apartado para dignatarios y personas de la aristocracia y el poder habaneros, y hacían de esta observación de balones una fiesta popular al llevar tambores y acompañar la observación con música y alguna que otra bebida.

Pero el principal acontecimiento donde hay una participación del Cerro en la incipiente actividad aeronáutica en Cuba se remonta al 12 de junio de 1856 y se vincula con Matías Pérez.

Éste era un residente portugués dedicado a la confección de toldos en su taller de la calle Neptuno, por lo que lo apodaban “El Rey de los tolderos”.

Verdadero aficionado a todos los vuelos en balones que se realizaron en nuestro país, tanta fue su insistencia y perseverancia que al fin logró que le vendieran uno, siendo, nada más y nada menos, que el Villa de París, con el cual pudo ver su sueño realizado ese día.

Su aeronave despegó del Campo de Marte, tomó dirección suroeste pero de inmediato comenzó a tener pérdida de gas y ello lo obligó a hacer un aterrizaje de emergencia. Este hecho fue cubierto por el Diario de la Habana del 13 de junio, de la forma siguiente:

“…hemos tenido el gusto de saber que el Rey de los tolderos no sólo logró volver a tierra con toda facilidad al haber descendido en el Husillo, como a dos millas del Cerro, sino que se ocupa activamente en preparar otras ascensiones…” 1

Así, sin que estuviera planificado, el territorio del Cerro salvó en el primer intento a ese noble hijo por adopción de Cuba quien en el segundo vuelo no tuvo la misma suerte y aún se espera conocer a dónde fue a parar.

El 23 de junio de 1965 el correo cubano puso en circulación dos sellos para correo ordinario, por valor de 3 y 13 centavos respectivamente, para honrar la memoria de Matías Pérez como pionero de la aeronáutica en Cuba

Los vuelos demostrativos en globo continuaron, y para 1895 se incorporó la modalidad de acrobacias, fundamentalmente entre profesionales extranjeros que hacían de su actividad verdaderos espectáculos artísticos y comerciales.

En julio de 1895 se realizaron dos vuelos de este tipo en la modalidad de ascenso en globo y luego se lanzaban del mismo usando un paracaídas. El primer lo realizó un estadounidense de apellido Smith, quien fuera contratado por el empresario cubano Alfredo Misa, y el segundo, el día 14, lo realizó el francés Gastón, quien se elevó sosteniendo en una mano las banderas de Cuba y de Francia.

En ambos vuelos, el descenso de los aeronautas se hizo en el parque de Palatino, constituyendo acontecimientos importantes para la vida y distracción de esta parte del territorio del Cerro.

1 Terry, Tomás, “El correo aéreo en Cuba”. Museo Postal Cubano. La Habana, 1971. Página 18

3 comentarios:

  1. Interesante artículo, hay mucha gente en Cuba que cree que lo de Matías Perez es solo un mito. Adelante con el bolg del CF Cerro. Felicidades desde Madrid.

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  2. Gracias por su comentario. Continúe visitando esta página y, seguramente, encontrará otros artículos de su interés. Si le gustan recomiéndela a sus amigos.

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  3. Jorge Ernesto, gracias por tu comentario. Pronto comenzarás a ver cosas de doña Betty, saludos, Juan Hernández

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