Por: Juan Hernández Machado, Premio
Nacional de Filatelia 2012 y Presidente del Círculo Filatélico Cerro

Indudablemente
que el surgimiento del ferrocarril en Cuba – primer país iberoamericano donde
este nuevo invento entró en función, el
19 de noviembre de 1837 con la inauguración de la línea férrea Habana- Bejucal- tuvo una
tremenda relevancia en la prosperidad del Cerro.
Se
conoce que fue Don Claudio Martínez de Pinillo, Conde de Villanueva y
Presidente de la Real Junta
de Fomento, quien promovió ante la
Reina de España la creación de nuestro ferrocarril.
Este
recorrido Habana-Bejucal demoraba una hora y 20 minutos y entre sus primeros
movimientos de pasaje se incluyó una parada frente a la Casa de los Filtros del
Acueducto de Fernando VII, por lo que se denominó “Parada de los Filtros”. Primera
vinculación de estos modernos medios de transporte con el Cerro, ya que dicho
acueducto fue el que reemplazó a la Zanja Real para abastecer de agua a La
Habana, y también se encontraba en esta localidad.
Hasta
principios de la década de 1860 este ferrocarril se fue extendiendo hacia el
este y hacia el oeste, por lo que se
adicionaron otras paradas en Infanta, San Martín, Tulipán y Ciénaga, entre otras,
al pasar el territorio del Cerro.
De
forma similar se fue desarrollando el transporte mediante carruajes, no
solamente los particulares pertenecientes a las familias burguesas y de la
aristocracia colonial, sino también aquellos que fueron aportados por diferentes compañías creadas al efecto, las
cuales llenaron las calles del Cerro con los más diversos quitrines, volantas,
calesas y medios similares de origen foráneo que se adaptaron a las condiciones
de nuestro clima.
A
mediados de la década del 30 del siglo XIX, surgieron carruajes de mayor
capacidad con itinerario fijo, para unir al Cerro con la ciudad de intramuros,
los cuales fueron denominados ómnibus-diligencia, o simplemente ómnibus.
La
llamada entonces Empresa de Ómnibus de la Habana al Cerro, que fuera la primera empresa de
ómnibus interurbano, era quien regenteaba esos ómnibus-diligencia, los cuales
si bien fueron de gran utilidad para los señoritos residentes en intramuros y
con sus amores en el Cerro, no les completaba la dicha, ya que el último
ómnibus salía del Paradero del Cerro a las 10 p.m. y so pena de perderlo,
debían renunciar a una hora de sus visitas amorosas que generalmente eran
autorizadas por las familias hasta las 11 p.m.
Los
años siguientes fueron testigos del surgimiento de nuevas empresas con el mismo
recorrido Habana-Cerro, pero lejos de mejorar el servicio como era de esperar,
motivó un enfrentamiento no muy limpio entre las mismas, el cual ocasionó
accidentes y denuncias, que motivaron que hasta el propio Capitán General
tuviera que intervenir, ordenando en 1846 un Reglamento para normar la
situación. Entre las medidas se estipulaba que los coches de diferentes
compañías debían salir con no menos de 10 minutos de diferencia y guardar tres
cuadras de distancia con los de sus competidores.
El
propio desarrollo del Cerro motivó que intelectuales, jornaleros, miembros de
sectores humildes y hasta negros libres
se fueran asentando en el lugar, lo que los hizo también usuarios de esos
medios de transporte inicialmente prerrogativa de los burgueses y aristócratas.
El
predominio de esos medios de transporte se mantuvo hasta finales de la década
de 1850, porque la Empresa General de Ómnibus de la Habana había mitigado un
poco la rivalidad ínter empresas al concentrar la mayor parte del transporte
Cerro- intramuros.
Para
esa fecha, surgió una empresa tranviaria, concebida como “ferrocarril urbano” y
de ahí su nombre- Empresa de Ferrocarril Urbano de La Habana- que también
utilizando coches de tracción animal mejoraba el servicio pues los mismos
rodaban por líneas férreas tendidas en las calles.
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Lìnea Habana. Cerro usaba modelos similares a èste |
En
1863 se unifican las dos empresas anteriores y se asigna al tranvía la
cobertura de la línea Cerro- Habana intramuros. Los coches del Cerro se
identificaban de noche por llevar una luz verde.
Un
residente del barrio del Pilar, Don Pedro Estanillo Trueba, hace su aporte en
1884 al crear una nueva empresa de ómnibus de tracción animal a la que llamó
“El Bien Público”. Los mismos fueron
conocidos popularmente como “guaguas” y su principal estación radicó en la Esquina de Tejas.
Estanillo introdujo el cobro por tramos, lo cual fue muy ventajoso para quienes
no tenían necesidad de trasladarse desde el Cerro hasta intramuros sino a
lugares cercanos.
A
fines de siglo se abrieron las vías desde el Cerro hacia Marianao y hacia el
poblado de La Lisa. Otros modernos medios de transporte se fueron incorporando,
pero eso será tratado en un próximo encuentro entre nosotros.
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